QUINTO DOMINGO DESPUÉS DE LA TRINIDAD


Lucas 5: 17-26.

Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.

El cristiano no está llamado a vivir en soledad. La comunión de los santos es uno de los instrumentos de salvación que ofrece Dios para curar tu alma.

El paralítico no podía moverse por sí mismo. No podía lavar sus pecados con sus propias fuerzas o entendimientos. Necesitaba un medio para acceder a su Redentor, a ese galileo que en la casa de Pedro en Cafernaun sanaba. ¿Qué medio encontró para poder acceder a su salvación? Sus amigos. Leemos en el Evangelio que sus amigos tenían tanta fe que subieron sobre la casa y le bajaron con el lecho a través del techo, colocándolo delante de Jesús. Qué poderosa es la bondad de estos amigos. Cuán maravillosa es la fe de tus amigos. Cuando no podía más, Dios los utilizó para salvar al desdichado paralítico.

 Tu padeces incapacidad de justificarte a ti mismo, nada puedes hacer por tus propios medios. Eres como el paralítico, no puedes acercarte a tu Salvador por tu voluntad. Necesitas ayuda. Necesitas al Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo que se mueve en este mundo pecador te ha puesto en tu vida a personas que aman a Dios y se preocupan por ti. Personas con una fe tan poderosa que cogen tu lecho y te transportan a los pies de Jesús. Todo por medio de la oración.

Hoy reflexionamos sobre el poder de la oración de tus amigos. Aunque no lo percibas, Dios escucha las suplicas y oraciones de los justos de corazón. Piensa en tus seres queridos que oran cada día por ti. Piensa en sus oraciones sinceras que ascienden al cielo como incienso agradable. Reflexiona sobre las bendiciones que te ha dado Dios por medio de tus amigos.

Jesús perdonó los pecados del paralítico gracias, principalmente a la enorme fe de sus amigos. Tus pecados te son perdonados por el amor de Cristo. Un encuentro, el tuyo, con Cristo, quizás alentado por las oraciones de tus amigos.

Ahora tú, limpiado por la Gracia de Dios, ora por tus amigos, pídele a nuestro Dios que se acerque a ellos, que los cure de sus pecados. Lleva con la fuerza de tu oración al lecho de tu amigo paralítico a los pies de Cristo, sin miedo.

Señor, te oro por los que no te conocen, por los que te dé dan la espalda, por los que te ignoran pero te necesitan. Acuérdate de ellos. Lávalos con tu Gracia para que puedan andar en tu senda.

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